Por Cristhian Lucero
El padre Walter Ruiz dejará la Parroquia San Juan Bautista, luego de ser nombrado nuevo párroco de la Parroquia San Marcos en la zona 18 capitalina, por disposición del arzobispo. Con este traslado concluye su servicio como vicario parroquial en el municipio, donde permaneció durante un año y ocho meses.
En entrevista concedida en el templo parroquial, el sacerdote explicó cómo recibió la noticia, qué balance hace de su etapa en San Juan y cuál es el mensaje que deja a la comunidad.
–Padre Walter, su nombramiento como nuevo párroco en la zona 18 capitalina marca un cambio importante en su ministerio. ¿Cómo se dio este proceso y qué significa para usted asumir esta nueva responsabilidad?
Cuando nosotros estamos en el seminario todo lo que recibimos y estudiamos es con miras a poder llegar a una parroquia. Para poder hacerlo, antes debemos tener experiencia como vicarios, aprendiendo el quehacer del párroco.
Yo llevaba aquí un año y ocho meses y no esperaba que el señor arzobispo pensara en mí para asumir una parroquia. Cuando vi una llamada perdida de él, supe que algo debía decirme. Le devolví la llamada y me comunicó que debía cambiarme de parroquia. Yo esperaba ir como vicario, pero me dijo: “Te vas de párroco”. Fue una sorpresa y también una emoción.
Es una alegría, pero también una responsabilidad. Lo asumo como una muestra de confianza para acompañar a la comunidad de la Parroquia San Marcos Evangelista. Será una experiencia nueva, distinta, porque allá es una parroquia urbana. Por ejemplo, las misas diarias serán a las ocho de la noche, ya que es el horario en que las personas han regresado de trabajar.
–¿Cómo describe el tiempo que formó parte de la Parroquia San Juan Bautista y qué balance hace de esta etapa?
Siempre que monseñor me preguntaba cómo estaba, yo le decía con sinceridad: “Estoy muy contento en San Juan”. Desde que vine me sentí muy bien recibido, tanto por el equipo sacerdotal como por el pueblo.
Ha sido un tiempo alegre, con muchas experiencias. Me voy satisfecho porque lo que me tocaba hacer lo hice con gusto y tratando de hacerlo lo mejor posible. Eso da tranquilidad para asumir la nueva responsabilidad. Me voy contento, aunque también con un sentimiento de tristeza, porque uno se encariña con las personas y con el lugar.
–¿Qué aspectos de la vida parroquial en San Juan le llamaron más la atención?
La cantidad de fieles. Siempre sorprendía ver el templo lleno en actividades y celebraciones. Había niños, jóvenes, adultos y personas mayores; todos participando.
Me llamó mucho la atención la participación constante en la confesión, especialmente los días viernes. Eso motiva, porque demuestra que es una parroquia viva. La fe está en las personas, no solo en el templo.
–¿Qué desafíos enfrentó durante este período y qué aprendizajes le deja?
Uno de los retos fue venir de una región distinta y encontrar situaciones que chocaban con mi forma de pensar. Me impactó ver casos donde algunas mujeres sufrían por un trato desigual o duro dentro del hogar.
El desafío fue acompañar esas situaciones sin dividir, buscando la conciliación y promoviendo el respeto. Varias personas me dijeron después que las orientaciones les ayudaron a mejorar su situación. Eso es muy gratificante. También fue un aprendizaje adaptarme a la realidad cultural del municipio y entender sus dinámicas.
–¿Qué momentos considera más significativos en su experiencia sacerdotal aquí?
La confesión marcó profundamente mi ministerio. En un retiro del clero nos hablaron del padre Hermógenes, sacerdote en proceso de beatificación, quien se dedicaba mucho a confesar. Nos dijeron: “Santifíquense confesando”. Eso me dio un sentido más profundo a este sacramento. Recuerdo especialmente el Miércoles Santo de 2025, cuando confesamos todo el día y hasta las ocho y media de la noche, atendiendo individualmente a cada persona.
También, fueron significativas las visitas a las aldeas, donde los ministros y lectores salían a recibir al sacerdote. La visita a los enfermos fue otra experiencia que marcó, así como la celebración diaria de la santa misa, a veces hasta cinco en un mismo día, con distintas intenciones.
–¿Cómo se prepara espiritual y humanamente para esta nueva misión?
Espiritualmente, a través de la oración y del encuentro con Jesús en la Eucaristía. He pedido sabiduría para guiar bien a la nueva comunidad. Humanamente, los mensajes que he recibido me han dado tranquilidad. Personas que me dicen: “Padre, le va a ir bien”, “usted es capaz”. Eso anima mucho.
Cuando fui a conocer la nueva parroquia, lo primero que escuché fue: “Bienvenido, padre”. Eso también da confianza.
–¿Qué mensaje les deja a los fieles de San Juan Sacatepéquez?
Les agradezco sinceramente el cariño y el apoyo. Les digo como decía mi abuela: “Que Dios les pague”. Solo Dios puede recompensar lo que se da sin esperar nada a cambio. Les invito a perseverar, a cuidar la fe, a participar en la misa y en los grupos. El hecho de que yo me vaya no significa que ustedes deban desanimarse. La iglesia continúa y cada uno debe seguir adelante.
–Ante el inicio de la Cuaresma, ¿qué reflexión comparte con la comunidad?
La Cuaresma es tiempo de conversión. Debemos reconocer qué no está bien en nuestra vida y esforzarnos por cambiar. También, retomo el mensaje del papa para esta Cuaresma 2026, que habla de la escucha y del ayuno. Escuchar la Palabra de Dios y también practicar un ayuno de palabras que hieren o dividen. No basta con las procesiones; lo importante es el cambio interior.
–Finalmente, ¿algo más que desee agregar?
Agradezco que no se utilizara la palabra “despedida”, sino “acción de gracias”. Eso me da esperanza de que pueda regresar algún día a San Juan. No es un adiós definitivo. Me voy tranquilo, con la confianza en que cuando regrese, aunque sea de visita, seré bien recibido.
Al finalizar la entrevista, el padre Walter impartió la bendición a los fieles, encomendando la comunidad a la protección de Dios. Con su traslado a la capital, la Parroquia San Juan Bautista inicia una nueva etapa dentro de la dinámica pastoral de la Arquidiócesis, mientras el sacerdote comienza su primera experiencia como párroco.
